El fútbol por fuera y la explosión por dentro
En un fútbol que cada vez se atasca más por el medio, los equipos que buscan abrir el campo en abanico en la generación del peligro y cerrarlo a la inversa en el susto final son, a la vez, un equipo con recursos y un soplo de aire fresco. En los tiempos del doble pivote, hacer cosquillas por un lado, y en la época de la rigidez y el juego sin balón, la flexibilidad eléctrica del fútbol en banda y la pelota al pie. Lo cierto es que reconforta ver aún muestras de equipos que huyen de los atascos de la pizarra y de las urgencias de la zona ancha al iniciar la jugada de ataque.
El ojo menos cualificado siempre buscará detalles y duelos individuales que pueda entender y apreciar mejor que los partidos en su conjunto, con una amplitud de variables (y de cosas que pasan al mismo tiempo) que, realmente, se pueden hacer inentendibles. Por eso, un mano a mano entre un extremo y un lateral en un costado del campo activa nuestros impulsos primitivos porque percibimos el duelo de principio a fin y sentimos la excitación de todo el verde que puede quedar por delante y todo el adversario que puede quedar detrás con el orgullo vencido.
En verdad, el uno contra uno es lo más primitivo del fútbol, lo primero que ensayan una y otra vez dos niños; y ver reflejado el aspecto de la calle en este juego tan alejado por desgracia de ella nos trae a todos recuerdos a la memoria de grandes gestas personales en un parque o ayudados de una pared, la más sincera de las amistades que uno puede hacer al asociarse pues no se cansa de devolverte la pelota alí donde la necesitas.
Ese nervio contenido que sienten los dos rivales con el balón de testigo de cargo y juez supremo se traspasa al espectador, como el de un recortador que espera con el corazón boquiabierto al toro.
Más allá de cuestiones formales, en el mundo de relaciones afectivas que supone el fútbol, hay muchas maneras de vibrar, alguna menos de emocionarse, pero sólo existe una forma de orgasmo colectivo: el gol. Y cuando éste procede de una seducción hacia un costado, un desnudo en la banda y un remate sin pensarlo penetrando por el centro, la explosión tiene difícil comparación. De verdad.
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