Cuidemos la pelota; La cultura en el espejo
Cuando una sociedad es coqueta, lo primero que busca es un espejo donde mirarse y divertirse haciendo muecas. Como está claro que pocas sociedades hay tan presumidas como la nuestra, aunque sólo sea por presuntuosa y despreocupada, sólo nos falta el espejo y aquí es cuando aparece el fútbol. En él encontramos el mejor de los espejos, preferido al cine, pues el guión no está escrito y los actores nos deben un respeto, e incluso a la política, porque la erótica del poder cede ante los ídolos modernos.
Conviene no separar el fútbol de la cultura e ir así a contracorriente de muchos pensadores puros, que pretenden separar cuerpo y mente: como el cuerpo no les alcanza para jugar, quieren hacer que nos olvidemos de él y juguemos todos con la mente. En el fondo, tratar de enfrentar fútbol y cultura es un acto de defensa como otro cualquiera que busca que a uno no le dejen sin jugar. Y es que ciertamente el juego es más antiguo que el mismo hombre y su cultura, como dice Johan Huizinga:
El juego es más viejo que la cultura, pues por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone una sociedad humana y organizada, y los animales no han esperado a que el hombre les enseñe a jugar
Volvamos al espejo, porque en realidad el fútbol no es sino un reflejo de lo que somos en el que chocan los sueños y los temores, se mezclan el culo y las témporas y nos salpica el amor y el odio, la violencia y la paz, el éxito y el fracaso. Todo a la vez. ¿Acaso se nos ocurre un reflejo más exacto? Somos fanáticos de una “microsociedad”, como lo llamaba Menotti , que sólo es imperfecta porque no participan las mujeres en la generacion de los sentimientos, como decía Valdano.
Es lo que pasa cuando no hay en quién fijarse: o nos aburrimos, o nos peleamos todos por la misma, cosas de hombres. Éste es el sentido de que exista la pelota y sea redonda y caprichosa. Y por eso, quienes alejan al fútbol de la pelota, traicionan su significado y aburren a las ovejas. Cualquier día, en un partido de tantos, los dos equipos van a correr de un lado a otro, vigilándose al detalle sin darse cuenta de que en el campo no hay ningún balón.
Así que, si de verdad somos coquetos y nos queremos seguir divirtiendo, cuidemos la pelota, contemos el fútbol a través de ella y limpiemos un poco el espejo, para que no se termine hartando y nos estalle en mil pedazos a la cara.
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