Los “olés” del Carranza



Mentiría si dijese que lo de España fué una sorpresa. Mal que nos pese, no es así. La Selección Española está para pocas alegrías, o mejor dicho, para ninguna. Esta selección actual ya no es el equipo que promete mucho y nunca cumple o el equipo que es capaz de golear al Liechtenstein de turno y que luego cae al primer escollo serio. Ni siquiera podemos vender humo, porque los continuos jarros de agua fría han apagado cualquier atisbo de fuego.

España pierde cuando juega mal, pierde cuando juega regular, e incluso pierde cuando se tira un buen rato jugando bien. Es cierto que fué un partido amistoso, para probar a la gente nueva (por cierto, que buenas sensaciones dejó el canario Silva), y el 0-1 puede considerarse un accidente. El problema es que es la cuarta derrota en los últimos siete partidos, y eso ya no es accidental.

Dudo que el mismísimo doctor House consiguiese un diagnóstico preciso del mal que aqueja a la Selección. Podemos bautizarlo como “mal del Atleti”, por aquello de que el peso de la historia parece capaz de sobreponerse a casi cualquier combinación de técnico y jugadores. Empero, no sería justo, porque el Atleti sí ha ganado títulos y ha hecho grandes cosas en el mundo del fútbol. Sea cual sea esa enfermedad, afecta a entrenadores, jugadores, directivos, y lo que es peor, hasta a los aficionados. Que España haya conseguido volver en su contra los cánticos de los animosos aficionados gaditanos hasta convertirlos en burlas habla por sí mismo. Me imagino el asombro de los Marica, Chivu y demás cuando hacían ronditos por el césped con el “olé” de fondo. Sobre todo, porque no tenían toros bravos enfrente. Si acaso, algún manso.

De Luis Aragonés se ha dicho mucho ya y se dirá bastante más en días sucesivos, así que no insistiremos aquí sobre el tema, pero su negativa a dimitir hace poco bien a la Selección. No dudo que una persona cercana a los 70 años pueda tener tanta o más ilusión que un primerizo, pero Aragonés no transmite la imagen de alguien que quiera comerse el mundo, sino más bien, y por sus declaraciones, de alguien que está de vuelta de todo en este mundillo. Y lo más grave es que la Federación, posiblemente confiando en que lo sencillo del grupo de clasificación nos ayude a meternos en la Eurocopa, intenta que el tiempo pase, y que sea Luis el que decida irse. Esperemos que cuando lo haga, si es que lo hace, no sea ya demasiado tarde.

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