Sir Alex Ferguson, veinte años de superación



Vivir un año en el banquillo de un equipo grande debe ser como un vertiginoso recorrido por el mundo de las emociones sinceras: de la angustia al orgullo de condición, del secreto al interés público, y, como siempre, del éxito al fracaso a través de esa delgada línea que los separa para los triunfadores y que los une para los mediocres.

Tanta emoción y tanto recorrido le hacen a uno acumular experiencia y desgaste casi a partes iguales, perfilar su sabiduría y delimitar sus errores.
Ferguson cumplió hace poco veinte años dirigiendo al Manchester United, así que no nos podemos hacer ni una idea de lo que ha vivido y de todo lo que ha pasado por su cabeza en este tiempo.

No es posible entender el presente del ManU sin escrutar a fondo la figura de Fergie, tampoco su pasado y es probable que el futuro no pueda escapar a lo mismo. Ha construido y diseñado varios equipos campeones, ha hecho crecer hasta lo más alto a decenas de jugadores y ha arrumbado a otros tantos en determinados momentos, cuando su genuino instinto escocés le decía que habían dejado atrás sus mejores prestaciones para la causa y llegaba la hora de derribar su pedestal. Siempre ha mirado por el bien del club, del Manchester United como entidad, de los objetivos inequívocos de grandeza de los “red devils”. Precisamente por eso, por pasar por encima de nombres, de hombres y de mitos globales con el único fin de defender lo que entendía como mejor para el club le han alcanzado las más feroces críticas, la mayoría curiosamente extrañas al entorno del United, la mayoría vistiendo su causa con un pretendido celo patológico de su propia efigie.

Hughes, Cantona, Ince, Irwin, Schmeichel, Sharpe, Kanchelskis, Yorke, Keane, Stam, Cole, los “Fergie babes” (Beckham, Neville, Giggs, Scholes), los últimos en llegar (Rooney, Ronaldo, Carrick), … Nombres propios que han acompañado a Sir Alex Ferguson y que han crecido con él y para él.

Para quienes los nombres explican muy poco en el fútbol y los halagos son temporales o interesados, siempre quedarán los fríos números: ocho de las quince Premierships, cinco de las once Copas, una de las dos Copas de Europa, la única Recopa, … Ése es el peso de Feguson en la historia de laurel del Manchester United.
Como en veinte años le ha dado tiempo a acumular tantas alabanzas y descalificaciones, el palmarés ayuda a entender delante de quién nos encontramos.

Pocos como él han sabido interpretar el juego de ataque, y casi ninguno ha sido capaz de conseguir tanta velocidad de circulación y de movimientos en la ofensiva sin pérdida de precisión. Velocidad hasta que el rival sienta vértigo: ésa ha sido siempre la clave del juego de Ferguson; cuando lo ha conseguido, su ManU se movía como un equipo campeón; cuando no era así, llegaba la mediocridad, porque él sabe mejor que nadie sus propias limitaciones para apuntalar el juego defensivo de su equipo, y viendo que la “manta táctica” se le quedaba corta, decidió dejar al aire la cabeza para taparse los pies. Como mejor que nadie ha comprendido la diferencia entre sobrevivir al fracaso y morir de éxito, ahí sigue, y ahí seguirá. Un grande, Sir Alex Ferguson.

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