El mundo del fútbol es una fuente inagotable de debates estériles. Muy probablemente por encima incluso de la política, el arte o la religión. Todas las semanas tenemos algún motivo de discusión, y en la gran mayoría de las ocasiones, su trasfondo es absurdo.
Esta semana, a falta de uno, tenemos dos. Nada menos. El primero es, sin duda, la triste lesión de Samuel Eto’o. El camerunés se rompió el menisco externo en una acción fortuita frente al Werder Bremen, y puesto que se ha optado por la sutura del daño, al final se estima una recuperación de 5 meses. Y como estamos hablando del principal artillero del Barcelona, la pregunta parece inevitable: ¿se resentirá gravemente el campeón sin la aportación de Eto’o?.
Pues sí y no. Es evidente que cualquier equipo del mundo baja su potencial cuando se queda sin un futbolista importante, máxime si es una estrella mundial. Por tanto, es factible que el Barça vea disminuida su cuota de goles, e incluso que gane algunos puntos menos que con el camerunés sobre el campo, ya que Eto’o se había demostrado decisivo para abrir ciertos partidos. ¿Significa esto que los blaugrana son menos temibles? En mi opinión, no. Equipos como el Chelsea, el Valencia o el mismo Madrid tienen la capacidad suficiente para complicarle la vida al Barça, cierto, pero ¿cuántos equipos más disponen de un potencial semejante? No muchos, así que el Barça, con Eto’o o sin él, sigue siendo favorito, aunque sin excesivos alardes. Habrá que ver cómo responde el resto de la plantilla al reto, especialmente Gudjohnsen y Saviola.
Es más, es seguro que muchos de los que ahora se cuestionan la capacidad del Barça sin un jugador importante son los mismos que aducían la fuerza del bloque por encima de las individualidades como diferencia principal entre Madrid y Barça. Es buen momento para comprobar dicha afirmación.
El segundo debate no es nuevo. La lista de Aragonés para los próximos encuentros de la Selección no incluye a Raúl, que viene de marcar dos goles frente al Dinamo de Kiev. Mal momento, pues, parece este para dejarle en casa. Sin embargo, esto también deja una lectura positiva: que no basta con un partido para que el míster tome una decisión que seguramente esté sopesada y justificada.
Sin embargo, la ida o no de Raúl es anecdótica. Ni Raúl era la solución de los males de la Selección, ni ahora es la culpa de ellos. El “7″ madridista puede aportar más o menos, pero no le da a la absoluta un salto de calidad ni en una dirección ni en la otra. Su valor simbólico es alto e indudable: el futbolístico no nos ha dado para pasar la barrera psicológica de cuartos. Mal que nos pese, Raúl no es un jugador tan grande como para cambiar la dinámica de la roja por sí mismo. Y viendo lo poco que España ha dicho históricamente en cuanto a jugadores de primer nivel mundial, no es probable que surja un jugador a corto o medio plazo que consiga invertir esta tendencia perdedora.
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