Athletic Club, Idiosincrasia e idioteces
No conozco a fondo el refranero español, pero sí pienso que muchas de esas construcciones encierran gran cantidad de sabiduría popular, que es una clase muy importante de saber. Hay concretamente un refrán aplicable al fútbol con facilidad: “Renovarse o morir”
Tan drástica disyuntiva debería realzar aún más la grandeza de un histórico club que sólo abre la boca para lamerse sus heridas y perdió el juego de llaves de sus vitrinas hace ya dos décadas.
El Athletic Club es un grande de España que sigue acudiendo a las citas sociales con sus trajes de época y sus vestidos largos de mediados de siglo. Ropajes de mucho valor sentimental e incluso identificatorio, pero desfasados a ojos de las modas y las nuevas tendencias.
Es un noble señor que se resiste a quitarse el bombín, un burgués de cuidada polaina, irredento ante muchos que lo vituperan porque la tradición centenaria produce amargor y reluctante a un fútbol que ni se parece al que conoció en su lozanía.
Las estructuras del fútbol han cambiado al compás de muchos parámetros ante los que el Athletic no se ha inmutado. Han variado los parámetros definitorios, los económicos y también los regionales, de manera que se sigue representando a la tierra pero de otra forma. En consecuencia, las variables de la victoria y la grandeza ya no son las mismas.
El gran Athletic se ha lanzado a recorrer ese fino cordel que mantiene en la élite sujetándose el traje revolucionario, sin quitarse las polainas y sosteniendo su bombín, y en ese camino se ha ido dejando muchas cosas, pero jamás se dejó la identidad.
Haberla conservado supone su gran punto de apoyo, tal vez el único, en estos momentos de especial crudeza; perderla significaría desnudarse y saltar al vacío en busca de una red de mieles que ha desaparecido para muchos y se ha quedado en la boca para otros mientras el Athletic disputa una vez más la partida por la vida. Y no es cuestión de una vida vanidosa o de reclamar un pretendido mérito especial acorde a unas limitaciones sagradas y autoimpuestas, sino de tener claro quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. En especial, y en el corto plazo, ésta última, aunque sólo sea para contrastarla con hacia dónde nos gustaría ir.
La filosofía del Athletic no hay por qué admirarla, pero sí conocerla y respetarla antes de emitir un juicio. Gure estiloa!
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