La Selección Española volvió a darse un baño de realidad tras la cómoda victoria ante Liechtenstein. No es el primero, y probablemente, no será el último. Cada dos años, España acude a su cita con el infortunio, y meses después, sigue pagando las consecuencias, ora en Chipre, ora en Irlanda del Norte. Otro punto negro en la carretera del fútbol español de selecciones.
Sin embargo, en aquel partido de Chipre, buena parte de los medios de comunicación, ya tenían puesta la foto de Javier Clemente en la diana, y la derrota sirvió para que dichos medios se cargaran de razones para proclamar el “Javi, vete ya”. No es fácil comprender por qué, por el contrario, Aragonés sigue siendo el niño mimado de la prensa, pero está claro que en esta ocasión no se montará un clamor semejante. A no ser que el pueblo pida sangre, y cada vez quedan menos ganas de enfadarse y de protestar.
Es complicado enfadarse cuando uno tiene bien asumido lo que se va a encontrar. Al igual que uno no puede ver una peli de Van Damme esperando una profunda reflexión sobre la vida y el destino del Universo, uno no puede sorprenderse ya con nada de lo que le pase a la selección de fútbol.
De nuevo, preparémonos para intensos debates sobre el mal que aqueja a nuestra Selección, que por cierto, va más allá de Aragonés y de Raúl, si bien parece cristalino que ya poco tienen que aportar a la roja. No nos engañemos más, nos faltan ideas para saber a qué debemos jugar, y nos falta calidad para ponerlo en práctica.

Ser Campeones del Mundo, al igual que los “golden boys” de Japón, requiere un compromiso brutal, unas ideas claras, una decisión y confianza en las propias posibilidades a prueba de bomba (a Francia se le cayó Tony Parker y bajaron los brazos; a España le faltó Gasol en la final e hizo su mejor partido), pero sobre todo: calidad y un técnico que sepa aprovecharla. “Pepu” lo ha hecho en el baloncesto, y Rijkaard lo ha hecho en el Barça.

Si tienes un buen técnico y no tienes calidad, obtienes una Corea, o con una dosis inmensa de suerte, una Grecia en estado de gracia. Si tienes un técnico mediocre, pero mucha calidad, obtienes un Brasil. De las dos maneras, estás cojo de una pata, y el hombre es, desde que se puso en pie, un ser bípedo.

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