Exageración natural
Tengo la sana costumbre de leer de vez en cuando a grandes conversadores de fútbol, como Borges, Benedetti o Valdano. Unas reflexiones de este último me llamaron la atención. Decía Jorge que:
…para los jugadores pequeños el cuerpo es geografía de escamoteo, nunca un lugar de colisión…
Y pone entonces uno de sus ejemplos favoritos, cuando cuenta cómo lloraba un chico alemán llamado Lothar Matthäus porque Dios no le favoreció con demasiados centímetros (1,74 medía) ni con kilos suficientes (71) dado el paisaje futbolístico alemán:
Lo que ocurre , decía Valdano, es que Madre Natura negó a Lothar precisamente lo que más anhelaba, pero en lo demás exageró tanto que sus compañeros le llaman Supermán. Y encima ese chico lloraba…
En el fútbol actual, es indudable que el aspecto físico adopta una posición decisiva al valorar el juego y la aportación de cada cual, y si además repasamos los grandes jugadores de la última década, repararemos en que físicamente eran (o son) muy poderosos: Zidane, Rivaldo, Ronaldo, Ronaldinho, Nedved, ….. La exigencia moderna a los jugadores pequeños es mayor, porque hay momentos del juego en los que parten en desventaja, y hoy en día, una desventaja de un segundo, dos centímetros o tres pasos es determinante (ya dijimos que lo físico es fundamental).
Así que, talentos indiscutibles como Aimar, Messi o Xavi parten en desventaja valorativa, y muchos pensamos que es una injusticia temporal. Por eso, porque siempre tiende a corregir injusticias temporales, interviene “Madre Natura” con su papel exagerador, para dotar a estos talentos puros y pequeñitos de otras características diferentes a las físicas que les acerquen ab initio a una situación justa en comparación con los demás.
Así que a Xavi le dotó con una visión de juego privilegiada y una precisión en todos los envíos casi infalible; a Messi le proporcionó un imán en su pie izquierdo para que nadie le pueda arrebatar la pelota si arranca en carrera; y a Pablo Aimar le dio la capacidad de encontrar siempre el espacio adecuado y la salida correcta aun cuando empieza la jugada en desventaja, y eso tiene que ver también con la inteligencia.
Son sólo tres ejemplos de cómo, a veces, necesitamos que la Naturaleza exagere para que las cosas funcionen.
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