Ieri, oggi e domani: Kaká y su deleite eterno



Hace unos dias la web del AC Milan colgó un comunicado tajante en referencia a la posibilidad de la marcha de Kaká al Real Madrid; ” Ieri, oggi e domani “… lo que viene a decir que el astro es ” Ayer, hoy y mañana ” Milanista.

La verdad es que me lo creo, por más que la experiencia nos haya enseñado que los comunicados oficiales de los clubes en forma de desmentidos valen casi lo mismo que el papel mojado. Y me lo creo porque estoy convencido de que el Milan está decidido a edificar su equipo en torno a Kaká. Han traspasado a Shevchenko y, hoy por hoy, la auténtica estrella rossonera es el brasileño.

Describir a fondo a Kaká requiere dominar multitud de adjetivos y apreciar cuándo y por qué el fútbol se hace estética. Porque Kaká es, ante todo, un jugador elegante. Elegante en la postura y la espera; elegante en la toma de decisiones porque su mente y sus piernas trabajan de manera simultánea; elegante en la finta porque nunca da opción a la colisión y elegante al definir la jugada pues no ha bajado la cabeza desde que empezó todo. Podemos concluir diciendo que Kaká es tan elegante que, si al fútbol se jugase con traje de chaqueta, bastón y bombín, haría las cosas con la misma naturalidad que ahora.

La elegancia, por sí misma, muchas veces no sirve de nada. Pero siempre te abre cualquier puerta y a partir de entonces se convierte en algo efectivo. Por eso, construir tu equipo en torno a alguien tan elegante dice mucho del gusto de su responsable. Un gusto que nos permite tener, en Pirlo y Kaká, a los dos últimos vértices del último rombo de la élite europea. Que la apuesta por la geometría y la delicadeza no cambie depende directamente de ellos.

Es probable que la jugada que mejor defina a Ricky (como le llaman también sus allegados) sea la del segundo gol al Fenerbahçe (video) en la pasada edición de la Liga de Campeones. Realmente todo ese partido resume a la perfección las virtudes y el perfil de un futbolista diferente, al que no le queda que mejorar más que su juego sin balón y alguna intermitencia que el Milan siempre acusa. Y es que llegar al durísimo calcio y rayar al nivel que lo hizo en su primera temporada no es sencillo, y además denota un placer por los retos y el crecimiento personal muy interesante.

Demuestra, además, que se puede ser sencillo y provocar un terremoto en cada partido y que se puede hacer muy felices a los seguidores sin necesidad de una sonrisa permanente en el rostro. Por eso recuerda a un actor de cine independiente capaz de arrasar en la gala de los Oscar. Pero verdaderamente la imagen de Kaká es la de un corcel blanco de seda galopando soberbio y altivo disfrazado de rojo y negro. Jamás mira el balón, que es un complemento de la belleza de su estampa y la fantasía de su acción.

Cuando uno es elegante, lo es para siempre. La juventud se evapora, la velocidad se pierde y la explosividad se olvida. Pero la elegancia, ¡Ay la elegancia! Ésa jamás nos deja. Ieri, oggi e domani: Kaká y su deleite eterno.

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