Mundial con los trazos de espiral



espiral.gifEl Mundial es posiblemente el torneo al que más adjetivos y metáforas dedicamos: global, universal, espectáculo de masas, choque civilizado de culturas y países, … Como todo aficionado que se precie, yo tengo mi propia metáfora. El Mundial es una espiral; o, más propiamente, un ejemplo del modelo de desarrollo en espiral que estudian los ingenieros informáticos.

Este modelo divide las actividades a realizar en todo proceso de producción de software en cuatro grupos, de manera que cada bucle es una actividad. Estas actividades no están fijadas a priori, sino que las siguientes se eligen en función del análisis del riesgo, comenzando por el bucle interior. Determinar los objetivos (que incluye fijar restricciones, identificar riesgos …), analizar riesgos, desarrollar y probar y, finalmente, proceder a la planificación, que consiste en revisar todo lo planeado y efectuado y decidir si se continúa en esa línea y se inicia un nuevo proceso.

En términos futbolísticos, la metáfora del modelo en espiral puede representar muy bien qué es y cómo se desarrolla un Mundial (junto a todo lo relativo a su preparación); todo gira en torno a una idea: si el Mundial se puede entender como una espiral repleta de bucles internos, todo aquel que pretenda llegar lejos debe tener claro que sólo lo logrará si se impulsa en cada bucle y en cada giro para crecer, sobre todo a partir de la fase decisiva del torneo. Si no, se corre un altísimo riesgo de morir en la espiral por agotamiento, desorientación absoluta o por simple mareo.

Por eso, hay que estar preparado para crecer con el Mundial, para ir haciéndose más grande a cada paso aunque en el primer bucle uno sólo pudiera ver un laberinto intangible de un mes de duración. Los que no son capaces de crecer al ritmo que marcan los bucles se quedan a medio camino (léase Inglaterra u Holanda), los que empiezan el modelo tan crecidos que creen haberlo hecho todo ya llegan tarde al cambio de ciclo (España y, sobre todo, Brasil).
Si Italia y Francia han llegado a la final será entonces porque son los que mejor han interpretado la complejidad y extensión de este torneo desde el principio, pese a que en primera instancia no nos diese esa impresión.

Los italianos han sabido atacar cuando debían atacar, defenderse cuando sentían el impulso de irse hacia atrás, aliarse con la fortuna si se equivocaban y jugar su mejor partido ante la anfitriona Alemania; Francia, por su parte, ha rechazado las pensiones por jubilación anticipada convirtiéndose en un bloque impenetrable al que es muy complicado dañar porque nunca sabes lo que piensan. Con unos recursos limitados (y con Trezeguet en el banquillo, Pires, Giuly y Micoud en la playa y Coupet riéndose desde la banda de cada cabriola de Barthez), Domènech ha fortalecido aún más las virtudes de su equipo y ha confiado la solución de su gran defecto, la falta de gol por dificultad en la generación del juego, a la explosividad de Ribèry, a las últimas gotas del tarro mágico de Zidane, a lo que siempre te puede aportar Henry y al balón parado. Y con eso, está en la final.

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