El Mallorca adelanta el alirón del Barça
De manera curiosa, el Barça saltaba al césped de Balaidos como campeón de Liga, sin haber disputado ni un solo minuto, gracias a que el Valencia y el Mallorca empataban a uno en Son Moix: Arango adelantaba a los locales en el minuto 8 de partido, y ponía las cosas difíciles a los de Quique Flores. Sin embargo, en el primer acercamiento serio de los ché, Villa le dio un pase de la muerte a Angulo, que ponía el empate en el luminoso. Este resultado hacia campeón matemáticamente al Barcelona.
Aún así, los blaugrana no pensaban en otro resultado que no fuese la victoria, y desde el comienzo del partido quedó meridianamente claro que así era. Ronaldinho, muy motivado durante todo el partido, desestabilizaba la defensa celtiña con peligrosos pases, y Eto’o lo intentaba sin tregua, en su particular duelo con David Villa. Ezquerro y Xavi, mientras tanto, permanecían atentos a sus auriculares, para avisar a sus compañeros del segundo gol del Mallorca, esta vez obra de Doni, nada más comenzar la segunda parte.
En vez de relajarse, el Barcelona seguía metiendo intensidad al encuentro, y la ceja partida de Márquez en su lucha con Baiano lo atestiguaba. Con esa continua búsqueda del gol se llegó al descanso, y ya con los equipos en sus vestuarios llegaba la confirmación del título: 2-1 en Mallorca, y 0-0 en Vigo. Era todo lo que necesitaba darse para revalidar el campeonato.
Y a pesar de todo, los visitantes no se conformaban con lo que ya tenían, y dominaron aún más si cabe el partido. Antes de los 10 minutos de la segunda parte, Eto’o encontraba la recompensa a su lucha, y marcaba su gol número 25, acercando algo más su ansiado pichichi. A partir de ahí, carrusel de cambios: Edmilson por Ronaldinho, que siguió su particular espectáculo en el banquillo; Xavi por Van Bommel, y Sylvinho por Van Bronckhorst. El Celta aprovechó entonces para acercarse a la meta de Valdés, y entró en un intercambio de golpes que podía haber acabado con un empate o con una victoria visitante más abultada.
Y tras el pitido final, se desbordaba la alegría. Todo el equipo (salvo el lesionado Messi, que se quedó en Barcelona) se abrazaba en el campo, y lo empezaba a celebrar en un vestuario, que, sospechamos, también sirvió para conjurarse de cara a la cita del 17 de mayo. Felicidades al campeón, felicidades al Barça.
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