Corría el minuto 88. Clichy, que había entrado a los diez minutos de partido en sustitución del lesionado Flamini, se echó encima de Jose Mari, que pícaramente se interpuso en el camino del defensa. El árbitro ruso Valentin Ivanov no lo dudó, señalando el punto de penalty. Riquelme cogió el balón, lo apoyó con mimo, eligió su derecha para colocar el balón… y falló. O Lehmann acertó, que para el caso es lo mismo, redondeando una actuación brillante, y hundiendo al “submarino”.
La cara de Riquelme era un poema, Roig en el palco lloraba, al igual que un Guille Franco que se vació durante el partido, y que dispuso de claras ocasiones para superar al hoy infranqueable Lehmann. Y con ellos, todos los que estábamos pendientes de la gesta villarrealense, incluídos las 20 000 almas que se dieron cita en Vila-real.
El Arsenal parecía saber lo que se iba a encontrar en El Madrigal, y planteó el partido a la contra, esperando alguna de las combinaciones entre Cesc, Reyes o Henry, pero la entrega y la presión asfixiante de los locales dejaron al Arsenal en un coma ofensivo. No es que el Villarreal dispusiese de un sinfín de oportunidades en la primera parte, pero era dueño y señor del balón. La mejor oportunidad en este período fue de Guille Franco a centro de Javi Venta, aunque el portero de los gunners impidió el gol.
La historia hubiese cambiado si ese balón entra, así como si el árbitro hubiese sancionado una posible agresión de Gilberto Silva, pero con 0-0 se llegó al descanso, amenizado por un espontáneo que quiso vestir a Henry con una camiseta blaugrana. El Villarreal, jaleado por un público entregado al máximo, dispuso de buenas ocasiones en el 47′, de nuevo con Franco cabeceando un centro de Javi Venta, y en el 53′, en el que sólo cambiaba el centrador, Marcos Senna, infatigable en la construcción y destrucción. En el 62′ contestaba el Arsenal en un córner sacado por Henry y rematado por Gilberto Silva, pero era un espejismo que pronto se olvidó. Y más tras la ocasión más clara del encuentro, con el permiso del penalty, en la que Forlán, a puerta prácticamente vacía mandaba el balón fuera.
Los minutos finales eran un quiero y no puedo de los amarillos, fundidos tras un esfuerzo brutal, aunque llegase esa postrera ocasión que, sin ninguna duda, se tardará mucho en olvidar, no sólo en Villarreal, sino en todos los corazones que Pellegrini y los suyos han logrado alcanzar, gesta mucho mayor que la mera consecución de un título, por importante que este sea. Esa noche, la de ayer, todos fuimos del Villarreal. Gracias por emocionarnos.
Posts relacionados:




1 Comentario
Trackback & Pingback