El Villarreal no pudo imponerse ante un Arsenal tremendamente motivado. Si hemos de ser sinceros, el 1-0 que al final reflejó el marcador de Highbury fue lo menos malo que podía pasar. La superioridad de los gunners, fundamentada sobre todo en una velocidad y poderío físico insultantes, fue clara sobre un Villarreal al que no le conviene un ritmo tan endiablado de juego.
El Arsenal es un caso curioso en esto del fútbol: con plantillas superiores (al menos por nombre) se codeaba con los grandes en la Premier, y en Europa fracasaba estrepitosamente año tras año. Esta vez, con un equipo titular que carece prácticamente de experiencia europea, salvo dos o tres honrosas excepciones, pasa enormes apuros en la liga local, y sin embargo, se perfila como favorito para llegar a la final de París.
El velocísimo juego de toque y desmarque del Arsenal desarboló por completo al submarino amarillo (con permiso del Cádiz), y lo mejor que pudo pasar fue la aparición de una ardilla sobre el terreno de juego a eso de los 10 minutos de partido, y que incluso lo suspendió momentáneamente en el 17 hasta que huyó del césped londinense. Más de un jugador villarrealense lo hubiera preferido, sin duda. Antes de eso, una jugada anulada por un fuera de juego inexistente privó a Henry de marcar el primero para los locales.
Mientras el Arsenal acumulaba varias ocasiones claras de gol de Ljungberg, Pires o el omnipresente Henry, el Villarreal inquietaba sólo a balón parado, aunque la historia hubiese cambiado si alguien hubiese llegado a un balón que Forlán echó hacia atrás después de escurrirse Touré, y que quedaba franco para su remate.
Sin embargo, el gol llegó para el equipo que más lo había buscado: un gran pase de Henry para Ljungberg acabó con una buena asistencia del sueco para que rematase Touré y empezase a hacer justicia en el resultado. A los males del Villarreal se unió un nefasto arbitraje del austriaco Konrad Plautz, que no sólo miró hacia otro lado en un claro derribo a Jose Mari (muy posiblemente dentro del área), sino que desquició a los jugadores a base de tarjetas y de faltas no pitadas a favor. Lo que se suele llamar arbitraje UEFA, y nosotros definimos de forma más prosaica como caradura. Sólo así se explica que un equipo como el Villarreal acabase con cinco tarjetas amarillas cometiendo las mismas faltas que el Arsenal.
En la segunda parte, de nuevo bajo la batuta de un gran Cesc, y el peligro constante de Henry, el gol rondó de nuevo la portería de un nervioso Barbosa, aunque afortunadamente, esta vez la fortuna sonrió al Villarreal, que sólo en unos disparos lejanos hizo trabajar a Lehmann, prácticamente inédito. En el 93 de juego, un nuevo balón de Henry estuvo a punto de permitirle a Bergkamp allanar del todo el camino de los de Highbury, pero el holandés no llegó.
Es de suponer que en El Madrigal las tornas se cambien, y el Arsenal no salga tan revolucionado, ya que no lo necesita. Posiblemente confíe en una zaga que se ha demostrado fuerte (lleva desde octavos sin encajar un gol), y en la velocidad de los hombres de ataque para sentenciar en un contragolpe, pero el Villarreal tendrá el balón, que es su forma de hacer daño. Si Riquelme entra en contacto lo suficiente con el esférico con tiempo para pensar, entonces habrá esperanza. De todos los malos resultados posibles, el 1-0 fuera de casa es el mejor posible. Si hemos llegado hasta aquí, podemos llegar al final. Apoyo no les faltará.
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