El Barça disfruta ya de la suerte del “campeón”



Parece mentira, pero ayer la diosa Fortuna no atendió a las peticiones italianas, que ya es raro. Quizás es que la suerte no es una azarosa combinación de sucesos, sino que responde más bien a imponderables como la confianza, la ilusión, el desparpajo… Y por eso en la noche de Milán, la suerte fue, al menos en parte, para los de camiseta fosforito, que lleva camino de convertirse en histórica, como la de color naranja de Wembley.

Sería injusto, sin embargo, no reconocer los méritos de ambos equipos. El medio campo del Barça, con el tridente Edmilson-Van Bommel-Iniesta, estaba predestinado a sufrir, como ya lo hiciera en aquel partido de ida contra el Zaragoza. Sólo que esta vez tenía enfrente a tipos como Gattuso, Seedorf o Pirlo, que aúnan fuerza, técnica y sobre todo, una férrea disciplina táctica.

Con esa inferioridad física, y con las cerca de 75 000 almas en San Siro, no es extraño que el Milan dominase en los primeros minutos, aunque la mayor parte de las ocasiones fuera del Barça. Sin embargo, los rossoneri crearon la mejor oportunidad de la primera parte, en una doble ocasión que Gilardino tiro al palo, y en la que luego Shevchenko no pudo con Valdés. Aún así, los cracks estaban incómodos. Ronaldinho, fuertemente marcado por Gattuso y Stam, fallaba pases sencillos y tomaba decisiones equivocadas. Eto’o tampoco aparecía en demasía, al igual que Kaká, y Shevchenko no tenía su noche.

El 0-0 indicaba el respeto mutuo de ambos equipos, que generaban la mayor parte del peligro a base de errores del rival. Así se llegó al descanso de un encuentro, si no brillante en cuanto a espectáculo, sí de una enorme intensidad y entrega. Sin lugar a dudas, un duelo de titanes.

En la segunda parte, ninguno de los entrenadores movió ficha. Pero esta vez, poco después de una nueva ocasión local que volvió a marrar Gilardino, apareció el elemento diferencial que hoy por hoy sólo posee el Barça. Ronaldinho, muy desafortunado todo el partido, se sacó un pase magistral a Giuly que, olvidándose de una vez por todas de su mala pata en los remates a puerta, realizó un duro disparo con la izquierda ante el que Dida poco pudo hacer. El Barça se adelantaba en el marcador en la primera ocasión clara que tenía: la receta clásica de los equipos italianos.

El gol le dio confianza al Barça, que empezó a crecer sobre el campo, y el 10 brasileño volvió a aterrar a la grada cuando estrelló un balón contra el poste. Iniesta se afianzaba como director de orquesta, Ronaldinho empezaba a disfrutar, y el Milan comenzaba a verse inferior. Pero el equipo italiano tiene muchas horas de vuelo, y a pesar de estar prácticamente groggy, siguió confiando en alguna oportunidad para igualar el encuentro.

Uno de los hombres de refresco, Ambrosini, pudo empatar, pero los hados conspiraban en contra, quizá cobrándose el favor hecho contra el Olympique. También lo intentó Maldini de cabeza, aunque se topó con los reflejos de Valdés. Y ahí se acabaron los argumentos del Milan ante un Barça que no pasaba apuros para ejercer su fútbol-control hasta el final del partido.
Y el primer round de la eliminatoria se saldó con un resultado muy bueno para los intereses blaugrana, y que encarrila en parte el camino a París. Sin embargo, el Milan es un equipo sólido y acostumbrado a las situaciones difíciles, y bien haría el Barça en no confiarse, aunque ya ha demostrado sobradamente que tiene oficio para ganar a cualquiera. Además, cuenta con un argumento más a su favor: la suerte del ¿campeón?

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