Al Barça se le apaga “La Luz” en Lisboa
Gafe. Falta de puntería. Mal de ojo. Cualquier término es válido para intentar expresar lo que no se puede ser explicado desde la lógica. Porque el 0-0 de Lisboa es un resultado que carece de sentido, visto lo visto.
En estos últimos años, hemos podido ver grandes exhibiciones del Barça, venciendo al Milan, remontando a la Juve, rindiendo al Bernabéu…, pero que servidor recuerde, sólo el partido contra el Panathinaikos en Barcelona se asemejó a un maltrato semejante del rival en cuanto a actitud, juego, entrega y ocasiones. Si el encuentro contra el Benfica hubiese tenido un mínimo de cordura, el resultado debería haber sido escandaloso.
Y no es que los lisboetas planteasen un partido abierto, no. Incluso Ronaldinho tuvo su propio perro de presa, encarnado en Ricardo Rocha. Pero el Barça venía a dejar claras las cosas desde el principio, y el portero local, Moretto, capaz de lo mejor y lo peor, le “regaló” ocasiones a Ronaldinho (al recoger con la mano una cesión) y a Van Bommel (en un despeje corto dentro de su área).
Pero ni con esas. También lo intentó un Iniesta colosal en la posición de “4″, yéndose hasta de tres hombres desde el centro del campo hasta el área local, aunque el tiro se le fuera desviado. Deco, tras un pase de la muerte de Eto’o, la mandó fuera de manera incomprensible. Van Bommel, tras una galopada de 60 metros estrelló el balón contra el cuerpo de Moretto cuando pisaba el área pequeña. E incluso Eto’o, sólo frente al guardameta tras un gran pase de Ronaldinho, la tiró bajo sus piernas, y el trasero de Moretto se encargó del desvío (es de suponer que chocaría contra la flor). Mientras, el Benfica tiraba desde posiciones lejanas en un baldío intento por inquietar a un gran Valdés.
Tras el descanso, una nueva ocasión, esta vez para Larsson, que se encontró con Moretto y con el palo derecho. En el saque de esquina, Motta la estrelló de cabeza contra el otro poste. En estas, Miccoli, que apareció tras el descanso, hizo lucirse a Valdés, y su rechace llegó a Geovanni, que dio con su disparo en el cuerpo de Gio. Sin solución de continuidad, Van Bommel volvía a fallar ante Moretto.
En los minutos finales, el Barça, agotado más en lo psicológico que en lo físico, bajó el pistón, y a punto estuvo de pagarlo si el colegiado pita una clara mano de Motta en el área, o si Simao hubiese podido batir a Valdés en otra buena ocasión del ex-barcelonista.
Estos encuentros dejan una sensación agridulce. Por una parte, la alegría y la confianza de haber visto un Barça tan superior a su rival. Y por otra, el recelo y los nervios de ver la suerte de un Benfica que algo tiene que tener para estar en cuartos de Champions. Pero aunque el fútbol es caprichoso y no sabe de favoritismos, es impensable que el Barça no gane cómodamente esta eliminatoria, aunque se haya dejado los deberes en la vuelta. Y eso que, a pesar de todo, fútbol es fútbol. ¿O no?.
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