El Real Madrid fue el único de los perseguidores del Barça que aprovechó el medio pinchazo de los blaugrana ante el colista. Rijkaard sacó un once inédito ante el Málaga, sin Ronaldinho, sin Deco, pero con gente como Rodri o Gabri. Aunque no era el Barça mágico y brillante de cuando el brasileño está inspirado, sí que creó numerosas ocasiones de gol, aunque esta vez sin suerte.
Enfrente se topó con un gran Arnau, que paró todo lo parable, y le amargó la noche a un insaciable Eto’o que lo intentó de todas las maneras posibles, y cuando marcó aprovechando un desvío de balón de Fernando Sanz con la mano, el colegiado Rodríguez Santiago (sí, el mismo que expulsó a Ronaldinho contra el Zaragoza) anuló el gol del camerunés por una irregularidad que sólo existió en la mente de Rafa Guerrero, su asistente, que aunque no deja de ser un tío simpático, como juez de línea es un auténtico desastre.
Así las cosas, Osasuna antes, y Valencia después tenían opciones para asegurar su plaza de Champions, pero ninguno estuvo a la altura. Osasuna no pareció el equipo serio y rocoso de otras ocasiones, y el Athletic, a base de garra y esfuerzo, encontró el justo premio a su ambición en un buen gol de Prieto a centro de Yeste, el jugador con más calidad de los leones.
Por su parte, el Valencia necesitaba asegurar su posición ganando o empatando en Sevilla, pero es un equipo al que le falta fútbol. Baraja no es el que era, y Villa no puede hacerlo todo por su cuenta. Aún así, le dejó un balón magistral a Mista que no pudo superar a Palop. De nuevo, expulsión a un jugador del Valencia (el reaparecido Ayala) por penalty sobre Saviola, y fallo en el lanzamiento, aunque esta vez fue culpa del larguero, y no de Cañizares. El asedio sevillista fue total, y en el minuto 46 de la segunda parte, un gran cabezazo de Jordi López, daba con el balón en la escuadra del Valencia, y con los tres puntos en el saco. El Sevilla se pone a dos puntos de los ché.
El Madrid sí aprovechó los “regalos” de los rivales, y arrolló al Dépor con un contundente 4-0. Héctor en propia puerta, Ronaldo, Sergio Ramos y Baptista, sacaron a la luz todas las miserias del Dépor (son muchas sin Andrade y sin Valerón), y consiguieron tres puntos balsámicos, y el reencuentro con el aficionado blanco que, esta vez sí, pudo salir satisfecho del Bernabéu. A la fiesta no pudo evitar el sumarse Gravesen, que salió en el 81 y le sobró tiempo para ganarse una tarjeta. Asombroso este danés.
Y así, a 11 puntos de distancia recibe el sábado que viene el Barça al Madrid, que buscará su última opción para engancharse a esta Liga. Pero no lo tendrá fácil. El derby promete.
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