Barça y Real Madrid con resaca de Champions



raulgarcia - ronaldinho.jpgSuele decirse que una jornada de Champions suele pagarse en el siguiente partido de Liga. Máxime si en esta te juegas el todo por el todo. Algo así debió suceder a los equipos que lucharon en la más alta competición europea a nivel de clubes, porque ninguno estuvo al nivel esperable.

Empezaron Madrid y Valencia en un complicado partido para ambos. Complicado porque son dos equipos, que sin estar maravillando por su fútbol, sí que son peligrosos, y más en encuentros de semejante rivalidad. Y porque el que perdiese, podía despedirse, a priori, del título.

Quizá por eso se vivió un empate sin goles, con escasas dosis de calidad, y en el que el Madrid intentó llevar siempre la iniciativa. En realidad, esa es la receta que usa el Valencia en esos partidos: cobijarse en campo propio, y aprovechar errores rivales. Así que los merengues se adueñaron del balón, y jugaron unos buenos minutos de comienzo.

La inspiración pasó pronto, aunque siguieron dominando el balón cómodamente, ya que del Valencia no parecía haber noticias. Todo lo más, una rara escena con Mejuto como protagonista: Villa encara a Mejía, Ramos cree que Mejuto ha pitado falta, y coge el balón con las manos dentro del área con el juego en movimiento. Y Mejuto, tan ancho, pita falta a favor del Madrid. Extraña celebración del día del árbitro, sin duda.

En la segunda parte, el Valencia se estiró y pasó a llevar el peso del partido, aunque con la misma fortuna que el Madrid. López Caro sacó a Ronaldo, a ver si aquello se movía, pero el que gozó de la mejor oportunidad fue Baptista, en un testarazo limpio que sacó Cañizares cuando el gol era poco menos que cantado.

Y a dos minutos del final del encuentro, penalty de Cañizares a Ronaldo. El brasileño, valiente, lo pide para él, lanza… y para Cañete. Al final, empate a cero, y una noche que se presagiaba redonda para el Barça.

Pero el Barça no pudo darle la puntilla a esta Liga. Al menos, no todavía, porque se encontró con un Osasuna muy convencido de sus posibilidades, que le jugó de tú a tú durante los 90 minutos.

El Barça pagó cara la desconcentración de la primera parte, porque al Estadio Antes Conocido como El Sadar (actual Reyno de Navarra) no se puede salir a verlas venir, porque los rojillos salen a por todas contra cualquier rival, y más contra los grandes.

Así que tras 20 minutos de partido, los locales colgaron un balón al segundo palo, Valdés salió con seguridad, y el balón se le escapó. Valdo recogió el “regalo”, y la puso dentro. La situación no era propicia para los de Rijkaard, que siguieron sufriendo hasta el descanso.

En la segunda parte, el Barça salió fuerte, y dispuso de buenas ocasiones para igualar el encuentro. Incluso Belletti empalmó un tiro potentísimo que Ricardo despejó como pudo. Poco después, el lateral brasileño caía lesionado tras un empujón de Delporte. Cuando empezaba a aparecer Ronaldinho, desesperado ante tantas faltas y agarrones, Pérez Lasa se quiso sumar al homenaje, y en un clamoroso piscinazo de Milosevic ante Edmilson, pitó penalty y le sacó la segunda amarilla al brasileño. Puñal marcó el segundo y se acabó el partido.

O no. Porque una de las virtudes de este Barça es no darse por vencido ni en las peores situaciones. A decir verdad, 2-0 y con uno menos en Navarra desanima al más pintado. Poco tenía que sacar en limpio el Barça, que tampoco veía peligrar el liderato. Y aún así lo intentó, con un Ronaldinho que se echaba al equipo a la espalda, y lidiaba con tres y cuatro osasunistas a la vez.

Y, como siempre, el “recurso Larsson” le puso interés al partido. En la primera conexión brasileño-sueca, Ronaldinho metió un pase sensacional, y dejó solo al punta frente al portero Ricardo. Inexplicablemente, la echó fuera con todo a su favor. Minutos después, calcaron la jugada, con otro excelente pase, pero esta vez, Larsson no falló. Era el 2-1, y a 20 minutos del final, todavía se podía obrar el milagro.

Pero no llegó. Osasuna siguió con su presión asfixiante (ayudado en muchas ocasiones por un lamentable Pérez Lasa), y buscando la portería de Valdés. El Barça, muy mermado físicamente por el desgaste de la expulsión y la eliminatoria frente al Chelsea, no pudo hacer más, y en una contra de Webo, Motta se veía obligado a frenarle, y acabó expulsado por el mismo árbitro que no supo frenar el duro juego local. Al final, una derrota y un pequeño toque de atención a los hombres de Rijkaard, para que no crean que todo está hecho.

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