Un Real Madrid escaso de Arsenal
Así está el Madrid. Sin arsenal. Un equipo que cuenta en sus filas con Zidane, Raúl, Ronaldo, Robinho, Beckham y demás superestrellas no puede permitirse el lujo de no marcar durante 180 minutos de una eliminatoria. Y menos en una competición que se resuelve muchas veces por detalles.
El 0-1 de la ida era un resultado que obligaba a marcar al equipo blanco en Highbury. Por eso López Caro metió al mejor killer del mundo, a pesar de que esté en horas bajas. Y acertó, porque los dos primeros minutos le bastaron para meter el miedo en el cuerpo a Lehman, con un cabezazo ajustado al palo, que el meta alemán sacó casi sin saber cómo.
Sorprendía el once inicial del Real Madrid, en el que sólo un fichaje nuevo de esta temporada (Sergio Ramos) estaba en el campo. Ni Robinhos, ni Cicinhos, ni Baptistas, ni Cassanos. Sí estaba Raúl, sí estaba Zidane, sí estaba Ronaldo, sí estaba Guti… El técnico madridista apeló a las vacas sagradas, a aquellos que hace unos años arrasaban por Europa a base de puro talento.
Pero el talento es poco si no le acompaña el físico. Por eso, los diez primeros minutos, que resultaban prometedores para el madridismo pronto dejaron paso a un equipo con las dudas de siempre, en el que la defensa no sacaba limpio el balón, en el que Guti tenía que hacer de enlace entre la defensa y el centro del campo, en el que Gravesen naufragaba con errores de bulto.
El Arsenal tampoco inquietaba demasiado, quizás porque Henry jugaba a su aire, sin mirar excesivamente la portería, o quizás porque preferían no pinchar al Madrid, no fuera que éste se reactivase. O puede ser que no es gran cosa, salvo la calidad inmensa del francés, y alguna genialidad de los españolitos que allí se ganan el pan.
En la segunda parte, el balón llegó a cambiar de dueño, y los de Londres empezaron a buscar a Casillas, que despejó con apuros una gran ocasión de Henry, y que respiro aliviado cuando Reyes se plantó enfrente, y mandó el balón al larguero. El Madrid respondía a base de pelotazos largos, y poco a poco, obligaba al Arsenal a recular.
Raúl, desaparecido en combate, gozó de una doble ocasión espectacular. Primero la enganchó con su pierna mala, la derecha, y la mando al poste, con Lehman ya batido: el rechace favoreció al “7″, y de nuevo, mandó la pelota al centro, pero tan mordida y tan flojita que Lehman pudo desviarla in extremis.
Poco más se pudo ver. Una tardanza desesperante de López Caro en hacer los cambios impidió que Cassano y Robinho tuvieran tiempo suficiente para probar a los laterales, y que Baptista pudiese ganar algún balón más por alto, y eso que le acompañó Sergio Ramos, que acabó jugando de delantero centro.
Fueron las últimas bocanadas de aire que apuró el Madrid, hasta que en el 93′, el árbitro lo desenchufaba del oxígeno. Tras el empate a cero final, sólo quedaban la amargura de Zidane, que puede estar viviendo su última Champions, y una enorme, descomunal impotencia que sobreviene cuando sabes que lo has dado todo, pero no te llega ni para marcar un gol en 180 minutos. El Madrid se quedó sin potencial ofensivo. Se quedó sin arsenal.
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