Tres puntos a balón parado



El Barça no se detiene ante nada y ante nadie. Esa es la conclusión que queda del partido ante el Dépor. La sensación que parecía reinar en el Camp Nou, e incluso en el mismo equipo era que el partido se iba a ganar, pasase lo que pasase.
Y la verdad es que pasó de todo. Empezando por un gol casi instantáneo de Ronaldinho. El Barça salió con tal ritmo, que a los dos minutos dispuso de una falta en la frontal, ligeramente escorada hacia la derecha. Y Ronaldinho, magistral, la levantó suavemente y se coló por la escuadra que tapaba la barrera. Imparable. El partido se encarrilaba pronto, y se presagiaba noche tranquila.
Pero el Dépor, si algo ha adquirido con Caparrós es el carácter de su técnico. Así, lejos de amilanarse, empezó a tocar el balón con criterio, y el Barça se dejó llevar. Tanto, que en un balón lejano, Duscher la empaló, y Valdés despejó a corner. El Dépor sacó en corto, y el balón fue despejado nuevamente. Repitieron la jugada en este siguiente saque de esquina, y Juanma, a centro de Munitis, cabeceó impecablemente a la red.
El Barça pareció reaccionar levemente, y una gran jugada en la que centró Sylvinho, dejó Larsson de cabeza en el segundo palo, e Iniesta llegó solo ante Molina, pudo llegar el segundo gol local. Pero fue el Dépor el que volvió a golpear. Una falta sin peligro cerca de la divisoria sacada por Munitis fue aprovechada por Andrade para cabecear picado al palo y poner el 1-2. El Barça protestó amargamente por el fuera de juego claro de Andrade, pero el gol subió al marcador, castigando la nula tensión de los culés.
Los jugadores blaugrana debieron ver la cara que ponía Rijkaard en el banquillo, porque empezaron a acercarse tímidamente a la meta defendida por Molina de la mano de un espectacular Deco, y de nuevo, en un corner, llegaría el gol local. Ronaldinho botaba el saque, Márquez no llegaba al balón, y Larsson cabeceaba dentro. En poca más de media hora, cuatro goles, y los cuatro a balón parado. Con un nuevo aviso de Ronaldinho a saque de una falta se llegó al descanso de un extraño encuentro.
Rijkaard retocó al equipo, metiendo a Van Bommel por Iniesta, y el Barça empezó a volcar el campo. En el 6’ de la reanudación, Márquez tuvo una nueva ocasión para los locales, y poco después, un despeje de Capdevilla estuvo a punto de dar un disgusto a Molina. Caparrós intentaba dar aire a su equipo, y aumentó su poder ofensivo sacando a Tristán. Justo después, una clara ocasión de Eto’o y Larsson daba a entender que el partido había cambiado definitivamente de dueño.
A partir de ahí, todo fueron desgracias para el Dépor: se lesionaba en esa jugada Andrade, y César, que salía para defender un corner, vio como sacaba Ronaldinho raso, Márquez dejaba pasar en el primer palo, y Eto’o se encontraba un balón franco que sólo tuvo que empujar. El camerunés celebró su decimonoveno gol con una bandera de su país. Corría el 16’ de la segunda parte, y el partido se acabó ahí.
Ni los bulliciosos Arizmendi y Munitis, ni el pichichi del Dépor, Tristán pudieron crear más peligro contra la meta de Valdés. Los últimos cambios del Barça, Giuly y Oleguer, también serían testimoniales, aunque el francés generó algunas ocasiones de peligro, que podían haber aumentado la ventaja local. No hizo falta, ya que un inconmensurable Puyol se bastaba y sobraba para conjurar todo el peligro del Dépor.
Al final, tres puntos más para el Barça, que no afloja ni un ápice su carrera por el título de Liga, y que dejó la sensación de que un buen equipo como es el Dépor, no tenía posibilidad alguna de sacar algo positivo de Barcelona. Este Barça parece ganar por pura inercia, y en un partido que se presentaba tan complicado con la ventaja visitante, pareció ganar sin despeinarse. Ahora toca rematar al Chelsea. Seguro que será un partido totalmente distinto.

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