El Barça se licencia con nota en Stamford Bridge

Al fin llegaron las 20:45 horas del miércoles, 22 de febrero de 2006, día que todos los aficionados al fútbol esperaban. El día en el que se enfrentaban los dos a priori “gallitos” de esta edición de la Champions League. Quien más, quien menos, veía aquí una lucha que va más allá de dos equipos: se trata de dos estilos. De fútbol. De comportamiento.
El Barça, generoso en el ataque, en la protección del talento, en el convencimiento de que el hacer buen fútbol es el mejor camino para ganar. El Chelsea, afianzado en su fortaleza, en su lucha, en su presión, en hacer fallar al rival. En el banquillo, también dos extremos. Rijkaard, una leyenda como jugador, siempre en su sitio, siempre correcto. Mourinho, polémico, excesivo, todo carácter.
El patatal de Stamford Bridge (las malas lenguas dicen que estaba así planeado para incomodar el juego de pases del Barça) esperaba uno de los mejores enfrentamientos que se puede dar hoy día en Europa. Y así empezó un partido plagado de alicientes.
El Barça tenía muy presente el correctivo de la pasada Champions, pero también los avisos de Zaragoza, Atlético y Betis, así que salió a asegurar cada pase, a minimizar errores, a ponérselo difícil al Chelsea. Los blues se sienten cómodos dejando al rival con el balón, y esto se tradujo en continuas imprecisiones. El respeto mutuo y la tensión convirtieron los primeros minutos en mero trámite.
Entretanto, Messi jugaba a lo suyo. El pequeño argentino es un gigante en la cancha: no se arruga, no tiembla, no se achica. Del Horno (muy peligroso en ataque, pero muy justito como defensa) sufría horrores con cada intervención del “30”. Antes de su expulsión, en un balón en el que Robben se confió, ya le había hecho una entrada escalofriante: tacos en la rodilla, y todo el barcelonismo temiendo por el joven crack. Pero Leo Messi es un tipo duro bajo esa apariencia frágil, y tenía claro que no había dicho su última palabra en el partido. Minutos después, nueva entrada a destiempo, con la consiguiente expulsión. En el minuto 37, el panorama empezaba a despejarse para el Barça.
Sin hacer gran cosa, el Barça ya había avisado hasta cuatro veces a Cech, con remates de Messi, Ronaldinho, Motta y Deco. Antes del descanso, los azulgrana podían haberse ido con el 0-1 en el bolsillo si el árbitro Terje Hauge hubiera visto la mano de Geremi (que había entrado sustituyendo a Joe Cole) dentro del área, con la que había despejado un peligroso disparo desde la frontal.
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Gracias Messi por ser Argentino!!!
Microsano