Como ya sucediera en la primera vuelta, tuvo que ser el Atlético de Madrid el que pusiese freno a la extraordinaria racha blaugrana en Liga, con los últimos catorce encuentros saldados con victoria culé. Y como ya sucediera entonces, las dos principales armas fueron una concentración de 90 minutos, y un contragolpe absolutamente letal.
Durante los primeros quince minutos, el partido se jugó en 50 metros. El Barça no encontraba su fútbol, con un centro del campo cortocircuitado por un Atleti que no tenía intención de dejar a Deco y a Iniesta coger la manija del encuentro. En el minuto 19 llegó la mejor ocasión de los locales, con un balón de Iniesta, que Larsson acabó echando por encima del larguero. Por su parte, el Atleti aprovechaba la envergadura y la potencia de Fernando Torres para hacer pasar un mal rato a un
desconocido Puyol.
El partido transcurría por cauces anodinos hasta que una confusión entre Oleguer y Gabri le dejó el balón a un Torres que fusiló a Valdés, y ponía el 0-1. Corría el 33′ de la primera parte, y el Barça se encontraba con el peor guión posible.
La desgracia no acabaría ahí: en el descanso, el bullicioso Messi tenía que ser sustituido por Giuly debido a una elongación en los isquiotibiales. Además, Ezquerro entraba por Van Bommel (desconocido tras su lesión), en busca de más presencia ofensiva. No había dado tiempo a saber cómo funcionarían estas incorporaciones, cuando Petrov explotó su tremenda velocidad, dejando a Oleguer sin posibilidad de disputar el balón, centró el balón al punto de penalty, y Maxi Rodríguez no perdonó ante un impotente Valdés. 0-2 y partido sentenciado en el primer minuto de la reanudación.
El Barça reaccionó a lo campeón. Herido, pero no muerto, puso a prueba a Leo Franco con un testarazo a bocajarro de Puyol. El mismo Puyol recibiría una tarjeta en la siguiente jugada, por una dura falta a Torres, que Petrov se encargó de lanzar haciendo temblar el larguero de la portería culé de un espectacular zambombazo. Iniesta y Deco intentaban multiplicarse, pero ni el albaceteño es Xavi, ni el brasileño tenía su día. Aún así, una gran combinación entre estos, acabó en un balón franco para Larsson, que empujó para poner el 1-2, y algo de emoción en el marcador. Quedaban 26 minutos, y un mundo por disputarse.
Sin embargo, un nuevo balón perdido por un desafortunado Deco acabó en las redes de la portería local. Otra vez Torres, que se convierte en internacional cada vez que tiene que enfrentarse al Barça, hizo de “killer”, y puso un 1-3 que se adivinaba insalvable, a falta de un cuarto de hora para el final.
A partir de ese gol, el Barça atacó por obligación. Con corazón, aunque no con fe. Van Bronckhorst dispuso de un par de ocasiones, Iniesta volvió a demostrar que el tiro a puerta no es lo suyo, y el Atleti también pudo haber aumentado la goleada en un par de nuevas contras.
En el 49′, el árbitro puso fin al sufrimiento del público del Camp Nou, que se fue más dolido que enfadado. En el fondo, la derrota tenía que llegar en cualquier momento, y la ventaja aún es cómoda (9 puntos al Valencia y 10 al Real Madrid). Pero queda para la reflexión que Zaragoza y Atlético de Madrid hayan conseguido meterle 8 goles al equipo menos goleado del campeonato usando como principal arma el contraataque. La Liga puede ser cosa de uno, pero los cuartos de final de Champions están a la vuelta de la esquina, y Mourinho no hace concesiones al rival. Rijkaard y los suyos han de aprender de una vez la lección.
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